La ciencia demuestra que se puede modificar la velocidad a la que envejecemos

Dietas antioxidantes, ejercicio, actividad mental y un estado emocional positivo retrasan el envejecimiento, según la doctora Mónica de la Fuente

La ciencia demuestra que se puede modificar la velocidad a la que envejecemos

La velocidad a la que cada persona envejece se puede medir y controlar. A diferencia de la edad cronológica, que avanza inexorablemente con el paso del tiempo, la edad biológica, que es la que indica la velocidad a la que se envejece, se puede variar e, incluso, llevarla hacia atrás, hacerla más joven, como han demostrado los estudios científicos, manifestó la doctora Mónica de la Fuente, miembro de la Real Academia de Doctores de España (RADE), en la sesión titulada “¿Se puede medir y controlar la velocidad a la que se envejece?”.

Doctora en biología y catedrática de Fisiología en la Facultad de Ciencias Biológicas de la Complutense, Mónica de la Fuente es una investigadora de referencia nacional e internacional en el estudio del envejecimiento y de cómo el sistema inmunitario puede ser un excelente marcador de la velocidad a la que cada persona envejece. Su mensaje durante la sesión académica fue rotundo: se puede modificar esa velocidad de envejecimiento con estilos de vida saludables, que son más determinantes que los genes que tenga cada individuo. Podemos conseguir una longevidad saludable si evitamos los hábitos nocivos y mantenemos una dieta adecuada, una apropiada actividad física y mental y, especialmente, una actitud positiva ante la vida y unas buenas relaciones sociales.

La doctora De la Fuente definió el envejecimiento como la disminución progresiva y generalizada de las funciones del organismo, con una menor adaptación al cambio y una capacidad reducida para restaurar la homeostasis, el equilibrio funcional de nuestro organismo que permite mantener el estado de salud. El periodo en el que envejecemos, que se inicia en el ser humano a los 20 años, es el más largo de nuestra existencia, dado que la esperanza de vida media que tenemos, al menos en España, es de unos 82 años.

Calidad de vida

Tener una longevidad saludable no consiste en vivir más años, sino en tener una existencia de calidad, apuntó. La herencia genética contribuye en un 25 por ciento a condicionar la salud, mientras que el 75 por ciento restante depende del medio ambiente y del estilo de vida.

La doctora De la Fuente y su equipo han centrado su labor investigadora en el sistema inmunitario, sin olvidar que este sistema homeostático se encuentra en íntima comunicación con los otros sistemas reguladores: el nervioso y el endocrino. Los tres constituyen el sistema denominado psiconeuroinmunoendocrino, que es el que permite mantener la salud. Estudiando los cambios de una serie de parámetros funcionales de las células inmunitarias, obtenidas de una muestra de sangre de personas de diferentes edades y, en paralelo, en las obtenidas del peritoneo de ratones a lo largo de su envejecimiento, los investigadores han encontrado y validado una serie de parámetros que permiten determinar la velocidad de envejecimiento de cada sujeto; esto es, su edad biológica.

Estas investigaciones han comprobado que un individuo adulto que tiene parámetros inmunológicos con valores propios de uno más viejo, va a morir antes de lo esperado por su edad cronológica. Por el contrario, los individuos que alcanzan una gran longevidad tienen sus funciones inmunitarias similares a las que muestran las personas adultas. Y se ha evidenciado que las personas centenarias analizadas en Madrid tenían las funciones inmunológicas con valores similares a los de las personas de 30 años.

Oxidación-inflamación

Por tanto, es fundamental conocer el ritmo al que envejece cada organismo para, si es muy acelerado, poner remedio. Sobre la base de la teoría más aceptada para explicar cómo se produce el envejecimiento, la de los radicales libres de oxígeno y la oxidación, y como resultado de las investigaciones realizadas, la doctora De la Fuente y su equipo han desarrollado una nueva teoría del envejecimiento conocida como de “la oxidación-inflamación”, que sitúa el sistema inmunitario como un importante controlador de la velocidad de envejecimiento de cada individuo. Teniendo en cuenta que los oxidantes que producimos continuamente al utilizar el oxígeno son dañinos pero también necesarios, porque para destruir los agentes infecciosos y las células tumorales las células inmunitarias tienen que producir oxidación e inflamación, que son dos procesos que están relacionados, el equilibrio entre los oxidantes y las defensas antioxidantes debe ser exquisito para mantener la viabilidad de las células y la salud. Los investigadores comprobaron que, cuanto más estrés oxidativo (desequilibrio por mayor presencia de oxidantes y menor de antioxidantes) tienen las células inmunitarias de un sujeto, peor funcionan y el individuo vive menos. Por el contrario, los centenarios tienen unas células inmunitarias con un buen equilibrio de oxidantes-antioxidantes, y les funcionan muy adecuadamente.

Los estudios desarrollados en ratones y en humanos por De la Fuente y su equipo de la Complutense han confirmado que hay estrategias que permiten restablecer ese equilibrio, con lo que el sistema inmunitario funciona mejor, se rejuvenece y se tiene mejor salud. Así se ha comprobado en seres humanos y en ratones, y en estos últimos (con una esperanza de vida media de unos dos años) se ha observado que aumenta la longevidad. Entre estas estrategias se han analizado las dietas que aportan cantidades apropiadas de antioxidantes, incluidos los suplementos de antioxidantes y los probióticos; el ejercicio físico moderado, la actividad mental, y el control del estrés emocional, así como el de las situaciones de tristeza, depresión o ansiedad.

Se ha comprobado científicamente que la risa es muy positiva para mejorar las funciones inmunitarias, así como todo lo que influya en generar un estado emocional agradable; en suma, sentirse felices. “Todo lo que sea emocionalidad positiva ayuda –señaló la doctora De la Fuente–. Unos estudios que estamos terminando indican que las relaciones sociales y el ambiente social pueden hacer que individuos envejecidos y enfermos, rejuvenezcan y tengan mejor salud. Habría que intentar por todos los medios generar situaciones en las que todos estemos motivados, y debería educarse en la idea de que debemos ser lo más felices posible”.

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