La autonomía estratégica de la UE no prescinde de la OTAN como pilar de la defensa colectiva

El establecimiento de una política militar común europea avanza sin resolver cuestiones previas que expertos analistas consideran fundamentales

La autonomía estratégica de la UE no prescinde de la OTAN como pilar de la defensa colectiva

Cuando se habla de autonomía estratégica de la Unión Europea (UE) no se pretende prescindir de la OTAN, sino de alcanzar capacidad para actuar cuando los intereses europeos no coincidan con los de esta organización, que se mantiene como pilar de la defensa colectiva occidental, y en concierto con la ONU, que tiene la legalidad internacional. Pero expertos analistas mantienen que, antes de que la UE desarrolle su Cooperación Permanente Estructurada en Defensa, impulsada por Alemania, Francia, Italia y España, habría que saber para qué quiere aumentar y cómo su capacidad operativa. “La autonomía estratégica de la UE: ¿Podemos ser autónomos?” fue el título de la sesión celebrada por la Real Academia de Doctores de España (RADE), que abordó este tema de actualidad, presidida por Jesús Álvarez Fernández-Represa, titular de la RADE.

Gustavo Suárez Pertierra, Académico de Número de la Sección de Derecho, y exministro de Educación y de Defensa, introdujo el debate y planteó cuestiones esenciales, como: ¿estamos en condiciones de afrontar solos nuestra defensa y seguridad o debemos seguir en el vínculo atlántico que tiene sus propios liderazgos?, ¿podemos prescindir de las opiniones públicas que no son partidarias de aumentar el gasto en defensa?

Para Elena Gómez Castro, Directora General de Política de Defensa del Ministerio de Defensa, que ha sido representante adjunta de España ante el Consejo de la OTAN, la autonomía estratégica de la UE ha existido desde el principio, como demuestran sus intervenciones en distintos escenarios internacionales, con la presencia simultánea, a veces, de la OTAN y la ONU. “Lo decisivo es el nivel y la ambición que nos marcamos”.

Del Tratado de Lisboa nació la idea de defensa colectiva con una Europa de varias velocidades, para que determinados países intervengan en conflictos en nombre de la UE. En 2016 se estableció la Estrategia Global de Política Exterior y de Seguridad de la UE “Una visión común, una actuación conjunta: una Europa más fuerte”, con la que se alcanza el principio de madurez estratégica iniciado en 2003 con el “Documento Solana”, “La estrategia de seguridad europea: una Europa segura en un mundo mejor”, afirmó la directora general. Esta estrategia dispone que la UE debe ser autónoma y, a la vez, complementaria de la OTAN, como pilar de la defensa colectiva, y en concierto con la ONU, que ostenta la legalidad internacional. A finales de 2016, los miembros de la UE afirmaron en Bratislava que reforzar la política de seguridad es parte de los ejes del relanzamiento del proyecto europeo.

Mantener relaciones con la OTAN y la ONU

Disponer de autonomía estratégica permite a la UE actuar en solitario cuando lo considere necesario, aunque siempre prefiera intervenir con sus socios regionales o internacionales, indicó la directora general. Para eso se requieren las capacidades de decidir y de ejecutar, que precisan desarrollar los aspectos operativos y consolidar la base tecnológica e industrial. Es fundamental mantener la relación de la UE con la OTAN, continuó, asumiendo sus propias responsabilidades, porque los intereses de la OTAN y de la UE no siempre coinciden, y sus ambiciones no son siempre similares. Por eso existen ya mecanismos que fortalecen esta vinculación, cuyas bases se fijaron en Varsovia el año pasado.

Gómez Castro resaltó que “se ha progresado de forma vertiginosa en esta suerte de euro de la defensa, con una mayor implicación de la Comisión Europea en aspectos de industria militar, que siempre presenta aspectos conflictivos en las opiniones públicas y los parlamentos de algunos países miembros. En todo caso, las tecnologías de doble uso tienen gran importancia para el desarrollo industrial, la competitividad y el empleo, además de garantizar el autoabastecimiento.

“Sin España no habría política común europea de defensa”, agregó la directora general, porque es el único país que ha contribuido de forma permanente y sustancial a todas las operaciones militares de la UE y, en año y medio, asumirá el mando de cuatro de las seis operaciones militares en curso. “La UE sigue siendo un proceso inconcluso, pero la defensa será uno de los pilares fundamentales para que sea realmente autónoma”, concluyó Gómez Castro.

La UE necesita mayor unidad

“La UE tiene que afirmarse más, y para ello tiene que estar más junta”, manifestó el embajador Carlos Miranda que, además de varios cargos en Asuntos Exteriores, ha sido representante de España en el Consejo de la OTAN en dos periodos. Miranda precisó que su ambición es que en la OTAN y en la ONU haya un único embajador de la UE y que, mientras tanto, digan todos lo mismo, sin matices.

Según Miranda, lo principal es distinguir entre autonomía y autarquía. Hoy, prosiguió, estamos todos relacionados con amigos y con potenciales enemigos también. A pesar de la llegada de Trump a la presidencia de los Estados Unidos, este país sigue siendo un amigo imprescindible para Europa. Aseguró el embajador que la UE debe tener más fuste internacional, tanto en lo político como en lo militar, y debe ponerse al nivel de EE. UU., China y Rusia en este último campo.

La gobernanza económica es fundamental para la defensa, advirtió Miranda, porque tiene que haber presupuestos comunes. Señaló que no sabe si la UE tendrá que hacer una alianza europea de defensa que tenga cabida en la OTAN y capacidad de operación propia, con sus brazos tendidos a los que no están en la Alianza Atlántica o no son de la UE, entre los que habrá que incluir al Reino Unido. Pero, subrayó que lo importante serán las preguntas: qué territorio se defiende, por quién, contra quiénes...; porque si hay un compromiso de defensa, las opiniones públicas se preguntarán, por ejemplo, por qué van a defender a otro país solo cuatro miembros de la Unión.

La UE debe definir su papel militar en el mundo

Para Félix Arteaga Martín, analista principal de seguridad y defensa del Real Instituto Elcano y oficial de la escala superior en la reserva, “los analistas no acabamos de entender el concepto de autonomía estratégica”, del que en Europa no hay una única interpretación, sino muchas. Esta definición estaba vinculada a la industria de la defensa desde los objetivos de Helsinki, cuando no había política exterior de la UE y se formulaba en términos de capacidades.

Lo que interesa, manifestó Arteaga, no son las capacidades, sino saber para qué se quieren. “Lo que primero debemos decidir es qué queremos hacer en el mundo, y luego veremos el tipo de equipos que necesitamos”. La idea, dijo, es aprovechar la autonomía estratégica para desarrollar nuestras capacidades industriales. Pero, al final, el nivel de ambición de la UE consiste en continuar haciendo lo de siempre, mientras que la defensa es cosa de la OTAN. “O sea, que la autonomía estratégica es para hacer más de lo mismo, no para hacer defensa, pero desarrollando nuestras capacidades industriales”.

En el concepto de autonomía estratégica intervienen muchos elementos, apuntó: soberanía nacional, economía, cultura estratégica, desarrollo industrial, etc. “La UE tiene más autonomía estratégica ahora que hace meses, pero no tanto como decía la directora general y sigue estando muy limitada”, según Arteaga. Al analizar este asunto, el Instituto Elcano se encontró con que países grandes de Europa entendían la autonomía estratégica con un enfoque de complementariedad y referida al núcleo de los intereses nacionales. Eso supone que todos los países tienen responsabilidades no compartidas que deben cubrir, y que si la UE les da mayor autonomía puede serles útil en la medida que les aporte algo. Cuando Francia y Alemania ponen en marcha propuestas a las que nos adherimos los demás, entienden la autonomía estratégica europea como complementaria de sus industrias.

La cuestión es, sin embargo, política, explicó Arteaga, porque la decisión de emplear la fuerza militar es de cada estado soberano, que puede no estar de acuerdo en el último momento por motivos internos (elecciones, cultura estratégica, problemas presupuestarios....). Al establecer la Cooperación Estructurada Permanente en Defensa, “los gobiernos tendrán que decidir si conservan su competencia estatal y cuándo van a renunciar a ella, porque llegará un momento en que la decisión será irreversible”, aseveró. Tenemos que saber y definir si existen riesgos compartidos o no por los países miembros, las necesidades específicas que esas amenazas suponen, qué problemas operativos vamos a tener, de qué elementos económicos y militares vamos a disponer y de qué forma los vamos a utilizar. Desde el momento en que no hay amenazas compartidas y se cuenta con recursos asimétricos resulta muy difícil ponerse de acuerdo, porque la autonomía estratégica compartida empieza donde acaba la propia. Si el esfuerzo tecnológico se orienta a riesgos de seguridad y defensa de dentro de 30 años, los resultados tendrán valor de mercado; pero si se dedica a cubrir huecos, mantener plantillas y tapar agujeros de la crisis económica, su utilidad es muy corta, argumentó Arteaga, para quien la UE tiene un armamento desfasado, al menos, una generación respecto a la norteamericana, y esa diferencia puede mantenerse en el futuro.

Se calcula que los objetivos europeos de seguridad, como inmigración, control de fronteras y lucha antiterrorista se llevará un 1 por ciento del presupuesto comunitario; y si se añaden misiones internacionales, desarrollo de capacidades, actuaciones de seguridad exterior y otras más, se alcanzaría un 5 por ciento. Por tanto, las instituciones europeas deberán decidir si su gasto en política de defensa lo sacan de su política agraria, de los fondos estructurales o de otras políticas.

¿Puesta en común o cesión de soberanía?

Durante el coloquio, Arteaga puntualizó que el proyecto actual de autonomía estratégica de la UE permite ir más deprisa a los que quieran hacerlo. Alemania y Francia han definido los criterios y ponen unas condiciones que les favorecen en lo industrial, institucional y operativo. Italia y España se han sumado por una decisión política europeista. Con los que han mostrado interés por entrar en el acuerdo se puede alcanzar una mayoría cualificada. El asunto está en cómo se va a compensar la situación para los demás países, lo que requiere un periodo de reflexión; pero el proceso va muy lanzado. No obstante, Arteaga sostuvo que la propuesta se acabará aceptando, “porque interesa a las fuerzas armadas de todos los países defenderse con una bandera europea y no nacional; sobre todo, cuando no hay cultura estratégica y a los partidos les parece bien que se racionalice el sector. Mientras, solo nos oponemos a ella cuatro analistas impertinentes”, terminó Arteaga.

Por su parte, la directora general mantuvo que, si hubiera una defensa común, no haría falta una cooperación estructurada permanente, por lo que estamos en un punto intermedio. España, objetó, no ha sido un convidado de piedra en este proceso, sino un contribuyente activo a la redacción de los criterios. De lo que se trata es de no retrasar las decisiones operativas, para que los que se comprometan lleven a cabo las misiones. “No hay concesión de soberanía. Lo que se hace es fijar criterios de autorresponsabilidad y autogobierno, de cómo se van a gestionar los fondos de defensa y cómo van a gastarse, etc.”

En opinión de Miranda, lo que se plantea para la UE no solo es un tema de defensa, sino también económico. El problema es encontrar los elementos de compensación, que son difíciles pero negociables, lo que pone de relieve las trabas de la UE para llegar a una federación real. “Yo siempre prefiero la puesta en común de soberanía a la cesión de soberanía. Pero en materia de defensa es más delicado y difícil de integrar, porque es lo que más afecta a la soberanía para llegar a una puesta en común”.

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