García Crespo: El crecimiento económico necesita ampliar el plazo para llegar al 3 por ciento de déficit

La Académica de la RADE abogó por una profunda reforma de la eurozona y por aumentar la integración con un gobierno económico europeo

García Crespo: El crecimiento económico necesita ampliar el plazo para llegar al 3 por ciento de déficit

“Hoy se está comprendiendo que la exigencia de llegar al 3 por ciento lo antes posible no es la mejor vía para compatibilizar la reducción del déficit, que se debe de reducir pero ampliando el plazo, con el crecimiento económico”, manifestó la doctora Milagros García Crespo, en la sesión “El euro: situación actual y perspectiva”, en la que abogó por una profunda reforma de la eurozona y de su moneda para poder salvar el proyecto, y por aumentar la integración con un gobierno económico europeo.

En la sesión, que estuvo presidida por el titular de la Real Academia de Doctores de España (RADE), Jesús Álvarez Fernández-Represa, intervino como moderador Pedro Rivero, Presidente de la Sección de Ciencias Políticas y de la Economía, a la que pertenece la conferenciante.

El euro atraviesa una de sus etapas más complicadas, y no es posible hablar de sus problemas sin fijarse en algo más profundo, que es la crisis de la UE, dijo la doctora García Crespo al iniciar su disertación. “Hoy es necesario que se haga una profunda reforma de la eurozona y de su moneda, para poder salvar el proyecto, porque a la crisis del euro, provocada también por la gran crisis financiera de 2008, se han sumado la crisis migratoria y, desde el mes de junio, el Brexit”.

Desde 2011, prosiguió la ponente, la UE ha tomado medidas importantes para sustituir la inexistencia de política fiscal única, y lo ha hecho con una política monetaria no ortodoxa del Banco Central Europeo (BCE), continuó. Entre las medidas más acertadas adoptadas en este terreno, citó el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), que concede préstamos a países de la eurozona con problemas graves de financiación. Este sistema desactivó una crisis de deuda cuando compró bonos soberanos de aquellos países europeos que cumplían las condiciones del mecanismo europeo, pero no tenían medios suficientes.

Hoy los tipos de interés están en cero e, incluso, son negativos, lo que beneficia la fluidez, pero perjudica el ahorro y las inversiones financieras. Pierden los fondos de pensiones y las aseguradoras, pero se abarata el coste de la deuda pública y se ha presionado a la baja la cotización del euro frente al dólar, lo que beneficia las exportaciones. Pero, como aseguró la doctora García Crespo, “permanecer mucho tiempo con estos bajos tipos de interés no facilita la intermediación financiera ni el flujo de crédito a la economía real; por el contrario, puede orientarse a la creación de burbujas y producir inestabilidad financiera”.

Trampa de liquidez

Lo que ocurre es que el área euro no es un estado y solo dispone de la política monetaria del BCE para actuar, pues carece de política fiscal. Según García Crespo, no estamos en un proceso de deflación, “pero sí cerca de la trampa de liquidez, que se está agotando como sistema. Hay que pensar en una política fiscal y estructural como absoluta necesidad. El BCE, en sintonía con el Fondo Monetario Internacional (FMI), pretende evitar el estancamiento con una política monetaria expansiva, pero simultáneamente se utiliza una política fiscal restrictiva, como si el envejecimiento de la población, el precio del petróleo, la desaceleración china o el Brexit no fueran causas distintas”.

Tras calificar de acertada la actuación del BCE al convertirse en prestamista para evitar la voladura del euro, y reconocer que fue “una actuación extraordinaria que sustituyó momentáneamente a un mecanismo de trasmisión monetaria que había dejado de funcionar por insuficiencia de la unión bancaria, la conferenciante aseguró que “el BCE ha tenido un protagonismo que no le corresponde, ha adoptado decisiones cuasi fiscales. La política monetaria no puede sustituir la unión fiscal europea ni las reformas que necesitamos”.

La crisis de la deuda soberana ha demostrado que la unión monetaria europea era incompleta e imperfecta, prosiguió, y “que el euro solo puede funcionar en el futuro si se cambian las reglas y las instituciones”, porque los países de la moneda única solo pueden reequilibrar su economía reduciendo salarios y gasto público, “y sabemos que ambas medidas deprimen la economía”, afirmó. En este punto, puso como ejemplo “el caso más doloroso” de Grecia. Para no infligir tanto sufrimiento al pueblo griego se podían haber aumentado las transferencias fiscales a Grecia y haber cancelado deuda pública, “que es lo que se hace con las empresas cuando entran en bancarrota y los acreedores aceptan que no pueden cobrar todo”. Pero se aplicó el principio de subsidiariedad: quien se endeuda se hace cargo de la deuda en la esfera nacional y no en la europea. Si Grecia se había endeudado irresponsablemente, también es cierto que fueron irresponsables los bancos europeos que se quedaron con su deuda. Dio por cierto que hay que reducir el volumen de deuda pública y controlar los gastos, “pero se tiene que hacer con una política a largo plazo, porque si no es un suicidio, ya que se crean efectos depresivos enormes, y durante la crisis hemos comprobado que la ratio de deuda pública respecto al PIB crece mientras se reduce el gasto”.

“Otra enseñanza de la crisis repercute en el propio FMI, que muy recientemente ha reconocido que, al identificar los principales focos de peligro, pasó por alto que había un potencial destructivo en la acumulación de deuda en algunos países, como es el caso de España, con importantes desequilibrios en la cuenta corriente de la balanza de pagos, que era el reflejo del endeudamiento privado”, dijo. Por otro lado, las imposiciones de la troika (Comisión Europea, FMI y BCE) a los países rescatados, Grecia, Irlanda y Portugal, eran manifiestamente mejorables. Las inyecciones financieras que se aplicaron en estos países no se completaron con alguna quita de deuda, lo que provocó que los ajustes fueran mucho más lentos. El mismo FMI ha reconocido que los rescates financieros se hicieron con algunas torpezas como, por ejemplo, al calcular la repercusión que la reducción del gasto público tendría sobre el tejido económico, y varios países, entre ellos el nuestro, todavía pagamos las consecuencias.

Gobierno económico europeo

Hoy, explicó la ponente, se está comprendiendo que la exigencia de llegar al 3 por ciento lo antes posible no es la mejor vía para compatibilizar la reducción del déficit, que se debe rebajar pero en un plazo más amplio, con el crecimiento económico. “La solución pasa por aumentar la integración con un gobierno económico europeo, sin que ello signifique el fin de la función de los estados, que siempre podrán gestionar sus presupuestos en sus políticas nacionales y, a la vez, obedecer al gobierno europeo”, afirmó.

La idea es factible, como demuestra el ejemplo de los Estados Unidos cuando, al terminar la guerra fría en los años 80, el gobierno federal redujo mucho los gastos de defensa, y las grandes fábricas armamentísticas de California sufrieron una fuerte depresión. Al reducir sus ingresos, el estado californiano disminuyó las transferencias al gobierno federal, que aumentó las suyas a California. “Imaginémonos una crisis inmobiliaria, como la que ha habido, que ha llevado a fuertes pérdidas bancarias. Esas pérdidas se cubren con el fondo de garantías de depósitos de carácter federal, de modo que se diversifican. Lo mismo pasa con las pérdidas de empleo, la seguridad social se abona desde el gobierno federal, de manera que el problema del paro también se diluye entre todos los estados. Por el contrario, en la UE los seguros de desempleo y los depósitos bancarios recaen sobre los países donde se producen las crisis bancarias, y los lleva a una crisis de deuda pública”.

Esta fragilidad del modelo europeo se podría remediar con la unión fiscal que se reclama desde hace tiempo, con mecanismos de seguro mutuo que equilibren el funcionamiento de las primas de riesgo y permitan transferencias a los países con problemas; con un seguro de desempleo común, que requiere la armonización de los contratos de trabajo y de las políticas activas de empleo, y todo ello con un ministerio de finanzas con poder real.

Rechazó García Crespo que esta reforma sea utópica, porque coinciden en ella expertos de muy distinto pensamiento económico, que también concuerdan en alentar políticas de industrialización para que los países rezagados de la eurozona se pongan al nivel de los más avanzados. Todos esos cambios no son nada fáciles, admitió, porque actualmente hay más enfrentamientos que solidaridad entre los países europeos. Y se preguntó entonces qué es ser europeísta, para responder que lo es quien “simpatiza con una Europa unida y tiene la convicción de que el mundo sería mejor si los valores europeos predominasen sobre los que hoy defienden la Rusia de Putin, la China de Xi Jinping y tantos otros países en los que la democracia y la libertad no son los pilares fundamentales”.

Los vientos actuales apuntan a menos Europa antes que a más Europa, pero, para la doctora García Crespo, “esta crisis de valores pasará, como han pasado otras, y continuará el proceso de integración europea que empezó hace 60 años”.

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