Benjamín Hernández Blázquez ingresa en la sección de Humanidades como académico correspondiente

El nuevo miembro de la RADE disertó sobre la figura de José de la Vega, judío sefardí que describió las características de la Bolsa en sus orígenes

Benjamín Hernández Blázquez ingresa en la sección de Humanidades como académico correspondiente

La sección de Humanidades de la Real Academia de Doctores de España (RADE) ha recibido como académico correspondiente a Benjamín Hernández Blázquez, doctor en Historia Contemporánea, que dictó su discurso, Un apunte sobre la bolsa española a través de José de la Vega, en un acto presidido por el titular de la RADE, Jesús Álvarez Fernández-Represa, al que acompañaban el secretario general de la corporación, Emilio de Diego García, que presentó al recipiendario; el presidente de la sección de Humanidades, Ignacio Buqueras y Bach, y el vocal de la Junta de Gobierno Albino García Sacristán.

El futuro de la Bolsa, afirmó el doctor Hernández, tendrá en cuenta el espíritu de José de la Vega, judío sefardí nacido en la provincia de Córdoba en 1692, comerciante y escritor judío español, que en 1688 escribió Confusión de confusiones: diálogos curiosos entre un philosopho agudo, un mercader discreto, y un accionista erudito, describiendo el negocio de las acciones, su origen, su ethimologia, su realidad, su juego, y su enredo. En el futuro, la Bolsa será, añadió, un lugar de encuentro virtual, sobre todo, relativo al espacio y el tiempo. El espacio será compartido por los países que converjan, que serán los más globalizados, y la relación, la apertura y la rentabilidad se harán de forma asintótica con el tiempo.

La definición más sencilla de la Bolsa, continuó, es un lugar de encuentro de compradores y vendedores, potenciales o efectivos, y así nació entre 1520-30 en un edificio de Brujas (Holanda), propiedad de la familia Van der Bürse, al que acudían magnates europeos a comprar y vender, y se convirtió en el epicentro europeo y mundial de los movimientos financieros de la época. Allí aterrizó De la Vega, procedente de Alemania, donde había llegado huyendo de las expulsiones de judíos de España y Portugal.

Autor olvidado

De la Vega, que estuvo olvidado durante muchos años, escribió varios libros de literatura. El que dedicó a la Bolsa lo redactó en castellano, la lengua del imperio, pero la antítesis del idioma económico, cuando los problemas financieros enfrentaban a holandeses e ingleses. La obra, prosiguió Hernández, está escrita en forma de diálogos, al modo de Platón o del Coloquio de los perros, de Cervantes. El autor utiliza un lenguaje bíblico, con cerca de 500 denominaciones de animales y paradigmas del Antiguo Testamento, como la historia de José en Egipto, al que considera el primer especulador de la historia con los siete años de abundancia y otros tantos de escasez, y la parábola de los talentos, que aplican los maximalistas. Su estilo literario está en línea con el de los principales autores españoles de su tiempo, como Cervantes o Lope.

En el prólogo explica De la Vega tres motivos para escribir el libro: “El primero, entretener el ocio, con algun deleyte que no desdore lo modesto. El segundo, descrivir (para los que no lo exercitan) un negocio que es el mas real, y útil que se conoce oy en la Europa. Y el tercero, pintar con el pinzel de la verdad las estratagemas conque lo tratan los tahures que lo desdoran, para que á unos sirva de delicia, á otros de advertencia, y á muchos de escarmiento”.

A lo largo de cuatro diálogos el mercader describe que el negocio lo llevan personas de dentro de la Bolsa y los especuladores, que invierten. El accionista cuenta que los movimientos de la Bolsa están auspiciados por Asia, Europa y la actividad propia de la institución. Por su parte, el filósofo identifica a los especuladores con dos tipos de animales: los toros, cuya estrategia es comprar y comprar para que suban los precios; y los osos, empeñados en vender y vender para arruinar las cotizaciones. De toros y osos hay que huir, agrega, y aconseja comprar y vender según el momento.

La Bolsa, escenario bíblico

En la Bolsa de Brujas se hablaba, principalmente, el holandés, seguido del inglés y el francés, y se usaban expresiones latinas y griegas, aunque también castellanas, y a través de esta lengua llegaron algunos términos de origen árabe, como el gálibo, para indicar el calibre alto, medio o bajo de una acción. Según el mercader, el escenario bursátil se asimilaba al bíblico, lleno de vicios, soberbia, avaricia y otros pecados capitales, aunque abundaban también personas que cumplían la palabra y los precios, y tenían rasgos de generosidad con quienes mostraban indicios de ruina.

En aquella Bolsa que narra De la Vega aparecieron ya los mercados de futuros, que lo eran de opciones; se hablaba de cábalas, término que podía provenir de cabildeo o trapicheo, que dieron lugar después a los lobbies que actuaban en las provincias del imperio y las colonias, con movimientos y acercamientos a embajadas y consulados para intentar elevar o bajar los precios bursátiles. Combinando las actuaciones de especuladores, corredores y otros elementos, se calcula en doce el número de estratagemas que se utilizaban entonces, mientras en el mercado actual se cifran en veintiuna. Y ya entonces se preconizaba la diversificación de las inversiones como regla de oro para minimizar el riesgo.

Terminaba De la Vega su obra con un decálogo de consejos, entre los que incluía: en la Bolsa todo es posible, incluso lo lógico; en perdiendo, esperar, y en ganando, recoger; después de la tormenta es casi infalible la bonanza, y después del crepúsculo, la aurora. “Y todas ellas siguen siendo válidas en el tiempo y el espacio”, subrayó Hernández.

Trajo a colación Hernández detalles curiosos, como que Newton, contemporáneo de José de la Vega, se arruinó en la Bolsa, al igual que Voltaire y Balzac, y que el matemático Torres Villarroel, que nació justo cuando murió De la Vega, hacía previsiones acertadas sobre el tiempo o la política, pero erró en la economía.

Señaló también que en 1857 se creó la primera cátedra de estadística en la Universidad Central, y España se llenó de libros y diccionarios de esta materia, que fue esencial para el desarrollo de la Bolsa española, que había nacido en 1831. No obstante, las inmediatas guerras carlistas y los sucesivos acontecimientos históricos que siguieron no facilitaron su evolución. Tras abrir sus puertas después de la guerra de 1936, la Bolsa española se encontró con una economía hundida y no tuvo actividad efectiva. A partir de los años 70 las “matildes” de Telefónica popularizaron el mercado bursátil, en un proceso que continuó con la entrada en la UE y la desaparición del índice general y la implantación de los actuales selectivos, entre los que el IBEX es uno más.

Serio y jovial

Polifacético, capaz de afrontar la realidad en sus múltiples aspectos, preparado para desarrollar actividades importantes, humanista, serio y jovial, como le describió el doctor García de Diego en su presentación, Benjamín Hernández Blázquez cursó los estudios de magisterio y desarrolló su vocación por enseñar, al tiempo que seguía avanzando en sus estudios: licenciado en Pedagogía y en Gestión Comercial y Marketing, diplomado en Estadística General e lnvestigación Operativa, y doctor en Historia Contemporánea por la Complutense.

Es autor de libros de viajes, de Bolsa y de biografías históricas, y de más de cuarenta artículos en revistas, además de colaborador de diferentes diarios regionales sobre temas de históricos y sociales. Ha formado parte de diversos equipos de investigación, ha sido tutor en tesis doctorales, ponente en congresos nacionales e internacionales y profesor invitado en universidades extranjeras

Aparte de su actividad como maestro en varios municipios salmantinos, ha sido director de Educación Permanente de Adultos, catedrático de la Escuela Universitaria de Estadística, hoy Facultad de Estudios Estadísticos, en disciplinas de investigación social, y director de cursos de Bolsa en internet y en la Escuela Complutense de Verano.

En el ámbito de la gestión académica, ha sido director de la Escuela Universitaria de Estadística y miembro de la Junta de Gobierno y de diferentes comisiones académicas de la Universidad Complutense. Está en posesión, entre otras condecoraciones, de la Medalla de Honor de la Universidad Complutense, la Medalla al Merito del Colegio Oficial de Agentes de la Propiedad Inmobiliaria y de una mención especial del Consejo Superior de Deportes.

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