Entenderse y recomponer el consenso constitucional, la opción acertada para resolver la situación política catalana

Emilio de Diego: “La construcción de una historia y la negación de otra es lo que se ha hecho en Cataluña”

Entenderse y recomponer el consenso constitucional, la opción acertada para resolver la situación política catalana

Hablar, entenderse y recomponer el consenso constitucional es la opción acertada para resolver la situación política catalana, a la que se ha llegado por una sucesión continuada de errores cometidos desde una y otra parte, como se puso de relieve en la mesa redonda organizada por la Real Academia de Doctores de España (RADE) “Reflexiones sobre Cataluña”, que contó con Eugenio Bregolat, embajador de España; Leopoldo Gonzalo, catedrático de Hacienda Pública, y Ángel Sánchez de la Torre, académico de número de la sección de Derecho de la RADE, moderados por el secretario general de la corporación, Emilio de Diego García, académico de número de la sección de Humanidades. Presidió el acto la vicepresidenta de la RADE, Rosario Lunar Hernández.

Abrió el análisis sobre los errores que han llevado hasta la situación actual, que calificó de estancamiento más que de problema, Sánchez de la Torre, quien citó a Ramon Llull, para señalar que la memoria histórica resulta destructiva de la virtud memorativa cuando es falsa. Para Emilio de Diego, asistimos a un discurso emocional que comienza a abrir una brecha dentro y fuera de Cataluña. Se ha llegado hasta aquí, primero, mediante las falacias del nacionalismo que, sobre el victimismo, el simplismo o la creación de un enemigo único acomete la construcción del mito. Se llega al presente con maniobras de perversión del lenguaje, como que “no se respeta la democracia” y “necesitamos el derecho a decidir”, y con la utilización de dos instrumentos esenciales: la escuela y los medios de comunicación.

La construcción de una historia y la negación de otra es lo que se ha hecho en Cataluña, subrayó De Diego, quien descalificó las pretendidas raíces históricas nacionales sustentadas en la sublevación de 1640, el papel de Pau Clarís y la proclamación de una república catalana que duró seis días, pero acabar siendo parte de Francia; en el intento de justificar el levantamiento de Barcelona contra Felipe V, durante la Guerra de Sucesión, en una acción contra España, cuando la ciudad no se levantó por la nación catalana, sino “por la libertad de toda España”, o en la supuesta figura de mártir de Companys, por haber dado un auténtico golpe de estado contra la II República española. 

El error economicista

El enfoque economicista del conflicto ha sido, para Leopoldo Gonzalo, un gran error. Desde el comienzo de la Transición y la aprobación de la Constitución de 1978, se ha instalado a pie forzado un sistema de autonomías y “nos hemos dedicado a destruir el estado unitario”, con la cesión de competencias esenciales, como educación y sanidad. El resultado ha sido, entre otros, una historia falsa frente a una historia común y la fractura de la unidad de mercado.

Frente al discurso economicista y nacionalista no se ha opuesto el discurso patriótico integrador, advirtió Roldán, que tachó de falacia el argumento victimista de las balanzas fiscales, base del “España nos roba”. Mientras no tengamos una teoría satisfactoria, el método ingresos-gastos utilizado para elaborar las balanzas no tiene sentido, aseguró, porque sabemos quién paga los impuestos, pero no quienes los soportan.

Desde el inicio de sus palabras, Eugenio Bregolat despejó toda duda sobre su origen catalán y su españolismo. Natural de la Seo de Urgel y con 64 apellidos catalanes, ha pasado su vida profesional “defendiendo por esos mundos los intereses de España y de Cataluña como parte de ella. No puedo distinguir una de otra”. Cataluña, dijo, ha perdido simpatías y afectos en el resto de España en los últimos tiempos, y es básico recomponer los lazos de unión. En 2005 había un 13,6 por ciento de independentistas, y ahora un 48 por ciento ha votado a representantes de la opción independentista, aunque parte de ellos son recuperables para el constitucionalismo; mientras un 80 por ciento quiere un referéndum para expresarse, “lo que no quiere decir que sean partidarios de la independencia”.

Según Bregolat, las vicisitudes de la reforma del estatuto catalán ha tenido un efecto devastador, con un efecto de radicalización enorme. El PP no estuvo a favor de cambiar la Constitución para que el texto estatutario encajara en la legalidad, lo que llevó a muchos catalanes “a pensar que se había roto el consenso constitucional del 78 y que les echaban de España. Esa fue la percepción”. “Si la peripecia el estatuto no hubiera pasado, no estaríamos así”, señaló Bregolat, antes de agregar que sus amigos del PP le dicen que “si pudieran rebobinar, no lo recurrirían”.

Estuvo de acuerdo el embajador en verdades evidentes, como el papel de la escuela catalana, en la que no se habla del Ebro para abajo; la corrupción, la influencia de los medios de comunicación financiados por la Generalitat o la crisis económica. Pero, al mismo tiempo, existe en Cataluña una percepción de agravios que se apoya en el principio identitario. “Para una parte de la población los razonamientos no sirven de nada. Hay un sentimiento que lo arrastra todo”, agregó.

El PP no volvería a recurrir el estatuto

La negación del concierto económico, que “desaparecerá del mapa el día que haya un sistema fiscal europeo integrado”, la tardanza de la llegada del AVE y del corredor del Mediterráneo, las autopistas de pago, son algunas cuestiones que contribuyen al malestar, a pesar de que Josep Borrell y Joan Llorach han desmontado, con su libro, que España robe a Cataluña. Se han cometido, de parte y parte, muchos errores, continuó Bregolat, muchos de ellos por falta de sensibilidad. Como cuando una autoridad del Estado dijo que Endesa antes sería alemana que catalana, o cuando José Ignacio Wert declaró que iban a españolizar a los niños catalanes, lo que podría entenderse como que no lo son.

Bregolat apuntó las que considera las tres grandes opciones para salir de la situación: que los catalanes se vayan de una vez, lo que es imposible por la Constitución, la realidad española y la posición europea, opuesta también a la independencia; imponer la legalidad, lo que es discutible en un contexto democrático, y hablar y recomponer el consenso. “La idea básica de la Transición, de que hay que llegar al entendimiento, sigue siendo válida”, reiteró Bregolat, antes de expresar su confianza en que “hasta el 20D no van a producirse barbaridades, y que el gobierno que salga de esas elecciones va a llegar a un acuerdo razonable”.

En derecho político, nación es otra cosa

Durante el coloquio, los asistentes plantearon cuestiones sobre el aumento del separatismo durante la Transición democrática, el concepto de nacionalidad incluido en la Constitución, la dejadez de los sucesivos gobiernos del Estado, que el problema real no es Cataluña frente al resto de España, sino el problema es el concepto de España desde la Segunda República; si es posible recuperar el estatuto de Autonomía de Cataluña, que las pretensiones nacionalistas terminarán cuando la UE unifique la fiscalidad, o que, frente al sentimiento de sentimientos heridos por parte de algunos catalanes, ha habido líderes nacionalistas que han calificado de inferiores a los andaluces.

Según De Diego, nación es un término polisémico donde los haya, pero en términos de derecho político es otra cosa y hemos jugado con este concepto. La soberanía no se puede fragmentar, salvo que existieran distintos estados.

Al listado de problemas económicos que acarrearía la independencia de Cataluña, Gonzalo agregó el de las pensiones, ya que la recaudación que aporta Cataluña solo cubre el 64 por ciento y el resto lo pone el resto del Estado.

Bregolat respondió que el 48 por ciento que han votado por los diputados independentistas no cree que lo sean tanto. “Creo que fue una barbaridad someter al referéndum el proyecto de estatuto antes de que lo revisara el Tribunal Constitucional. Si se pudiera recuperar parte de aquel estatuto, sería posible resolver la situación; pero hay que ver de qué hablamos, habrá que sentarse a aclarar las cosas”. Y añadió que lo que se ha dicho desde Cataluña sobre los andaluces “es una estupidez que se autodescalifica”.

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